En unas horas subirá al escenario del Sadler’s Wells londinense, pero en el hall de su hotel, en este mediodía extrañamente soleado, Manuel Liñán no muestra el menor nerviosismo.
«Daredevil necesitaba un renacimiento completo. Despojado de su esencia, luego revivificado. Limpio. Purificado. Un hombre ...